dijous, 24 de juliol de 2014

.add(Microcuento);

Observaba el paso de los postes de la electricidad, mientras sus pensamientos iban y venían a la misma velocidad de aquel tren de cercanías.

No quería darle más vueltas al asunto que le había hecho coger aquel tren. 
Él estaba convencido, o al menos la última vez que lo pensó, de que iba a merecer la pena realizar aquel viaje.
Se encontraba sentado en un vagón que se había vaciado en la última parada, sentado en el asiento interior, recostado sobre el cristal que lo separaba del exterior. Vestía su chaqueta de cuero favorita, con la que él creía ganar atractivo, se había rociado con la mejor de sus fragancias y había puesto betún a sus zapatos. Al menos quería causar una buena impresión.

Tenía en sus manos un libreto, en blanco, en el que había decidido escribir lo que se le ocurriera, con la finalidad de ver si, estando en paz, conseguía producir algún texto decente. 
Él creía que no había mejor momento para estar inspirado que aquellos precisos instantes, en los que la vida le sonreía.

Echó mano a su bolígrafo y empezó a escribir: "Observaba el paso de los postes de la electricidad,...".

.add(Melodies);

Pots olorar ja els seus cabells,
pots palpar la seva pell,
pots observar els seus ulls,
pots, prácticament, tastar els seus llavis.

La felicitat t'acompanya allà on vas,
al teu cap resonen melodies que ni tan sols escoltes, però estan ahí,
sents pessigolles a l'estomac continuament,
somrius per tot i res et fa sentir trist.

De sobte, se't tapona el nas,
deixes de palpar cap superfície,
se't tanquen els ulls
i la boca se't resseca.

La felicitat es queda enrere,
les melodies s'apaguen de colp,
les pessigolles passen a ser patades,
i el somriure...

El somriure mai no es perd.