dimecres, 5 de març de 2014

blog.add(Sueño);

Con inapreciables caricias empezaba aquella noche sin igual.

Ella no lo notaba pero el pulso de él se aceleraba cada vez que rozaba un poco su piel. Sin que apenas se percatara, el cogió su mano manteniéndola caliente bajo su palma.
Suavemente deslizó su dedo por su brazo, desnudo hasta el hombro. Ella se empezó a ruborizar, dejándose besar el cuello, dejando que los labios de aquel chico bajaran por su cuerpo besando cada milímetro de su cuerpo. Con delicadeza, él, levantó su cabeza de nuevo para besar, finalmente, el más preciado de los tesoros de aquella mujer, sus labios.

Unos labios que desafiaban la perfección, unos labios que se entreabrieron para permitir la entrada a los labios masculinos que solicitaban permiso para actuar.

La cama deshecha, unos calzones para lavar, y otro sueño que jugaba con los deseos.