diumenge, 29 de desembre de 2013

Un café.

Noche tras noche me voy con la duda a la cama.
Debería invitarte a un café?

Un café en el que me sentiría medio tonto por no saber de que hablarte para estar a tu altura. Un café en el que intentaría por todas las maneras posibles sacarte esa sonrisa que solo he visto desde la lejanía. Un café en el que seguramente te cogería de las manos, te miraría a los ojos y te diría alguna ñoñez bonita para que, de algún modo, se ruborizara tu piel. Un café que me diría como eres, qué te gusta y donde te gustaría ir después del bar en el que nos encontremos.

Un café después del cual, seguramente, te acompañaría a tu casa, asustado por la indecisión de mis próximos actos que me pasarían por la cabeza como si de una carrera de hípica se tratara. Después del cual llegaríamos a tu portal y tras pensarlo y repensarlo me inclinaría para besarte y el tiempo se pararía.

Un café para el que solo hay una manera de saber que ocurrirá...

-Te puedo invitar a un café?
-...

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